II. El ojo de Ganesha

Después de un rato terminé de arreglar los asuntos pendientes, tengo que preparar todo para aquel anuncio que me tiene loco, el cliente ni siquiera sabe lo que quiere, pero bueno, creo necesito un poco de aire fresco, además, ya es hora de comer. Salí de mi oficina y en un escritorio estaba Zooey, había olvidado que ella estaba ahí - Zooey, ¿no has ido a comer? - pregunte para esconder mi falta de atención - Aún no León, ¿tú irás ahora? - me pregunto - sí, necesito un poco de aire fresco y no hay nada mejor que ir a la "casa de Pierre", si gustas también puedes ir a comer - dije al mismo tiempo que reaccioné de mi comportamiento tan grosero hacia ella - o mejor aún, que te parece si me acompañas, sé que te gustará - dije para enmendar aquello - me parece perfecto - dijo y de inmediato tomó su bolso, se levantó de su silla, cerró el cajón del escritorio y se dispuso a acompañarme - ¡espera! olvidé mis audífonos - dije deteniéndome; me giré para regresara mi oficina, entré, abrí mi cajón y saqué los audífonos, pero al mismo tiempo que los sacaba me dí cuenta de un viejo volante, lo saqué y era sobre una exposición en un café cerca del edificio, por lo que me pareció buena idea ir en compañía, a fin de cuentas ella es diferente, no es hueca y sé que lo apreciará tanto como yo; guardé el volante en mi bolsillo, me puse los audífonos al rededor de mi cuello y caminé hacia ella. Salimos del edificio y caminamos, no cruzábamos palabra alguna, estábamos más callados que un funeral, comenzaba a desesperarme - ¿Cómo es que no dice nada? - me preguntaba mientras escuchaba de fondo a los Doors... "cuando eres un extraño, nadie recuerda tu nombre (People are strange - the Doors)". Al llegar a la "casa de Pierre" abrí la puerta, un campaneo y entramos. - Amo este lugar - dije para sacar algo de platica, pero no tuve respuesta mas que una onomatopeya desinteresada en la platica, pero sé que el lugar le encantó, tiene que encantarle, quiero decir, es hermoso, lo es, pero no el tipo de hermosura hecha por glamour o por muebles finos, esto era diferente, un pasillo largo con ilustraciones en las paredes, como si todos estos dibujos te hicieran seguir adelante, al final de este, estaba el restaurante, pero yo nunca como ahí, es un buen lugar pero yo prefiero mi sitio favorito, así que seguimos caminando hasta llegar a una puerta de marco dorado, ahí terminaba incluso la alfombra "persa color cereza con hilos dorados hecha en la India oriental", decía Pierre siempre como broma. Abrí la puerta y entre gritos de meseros y cocineros estaba Pierre, en cuanto me vio se alegro mucho y nos invito pasar al patio trasero, esto debe sonar como comer en una bodega de restaurante pero no, en realidad ese patio era un espacio abierto y aunque ahí ponían muchas cosas del restaurante había un espacio especial, al centro había un enorme árbol de cerezas y debajo de este una mesa blanca con sillas de lo más cómodas, el aire de la ciudad llegaba limpio justo a ese lugar, no se escuchaba nada más que las aves y las hojas moviéndose por el viento, yo siempre lo he llamado "El ojo de Ganesha". Caminamos hasta la mesa y la invité a sentarse, ella estaba maravillada con aquél lugar - es... increíble - dijo asombrada mientras se sentaba - bienvenida al "ojo de Ganesha" - le dije mientras me sentaba y cruzaba mi pierna - aquí es donde siempre vengo a olvidarme del mundo externo - comenté a mismo tiempo que quitaba mis audífonos de mi cuello, los dejé en la mesa y me recargué en la silla - esto es un sueño, un paraíso, imagina que pudiéramos... - ¡León, mon ami! - llegó Pierre con esa vibra singular, siempre ha sido muy feliz, aunque nunca había sido así, después de que su esposa lo abandonó con su único hijo lo había hecho el ser más amargo y deprimido que pudieran imaginar, pero su suerte cambió cuando conoció a Margaret - ¡León mi niño! - dijo Margaret llegando tras Pierre - ¿quién es esta muchachita? - pregunto Margaret - es... - ¡No puedo creerlo! vamos Pierre traeles nuestra mejor pasta, ¿no ves que nuestro mejor cliente ha encontrado el amor? - dijo interrumpiéndome - Vamos cariño traigamos también vino - agregó Pierre mientras se daban la vuelta e iban directo a la cocina - pero ella no... - dije, pero fue inútil, ya que ambos se habían ya retirado - perdónalos, estos tipos están locos - dije muy apenado con Zooey - no te preocuepes - contestó intimidada, después sonrió y se recargo en su silla... "todo lo que quiero hacer es andar en bicicleta contigo, quedarme hasta tarde y ver caricaturas (Nothing came out - moldy peaches)" - me gusta la música que escuchas - dijo para romper nuevamente ese silencio incómodo; sonreí - gracias, me gustan tus gustos - dije flirteando un poco, ¿flirteando?, por favor, llevo unas cuantas horas de conocerla, además ni siquiera me gusta, ¿me gusta?, ok ya estoy pensando pura estupidez, pensaba mientras me hacía hacia atrás y cruzaba la otra pierna; Zooey sacó de su bolso un libro, lo abrió donde el separador le indicaba y siguió leyendo, yo me sentí como un asno, hablé de más, hablé sin pensar, ¿se habrá sentido incómoda? - uhmm... ¿qué... libro lees? - pregunté con un sentimiento de inseguridad, la situación me había puesto realmente incómodo, ahora yo era el incómodo, ¡Ja! - leo Alicia tras el espejo, me gusta incluso más que Alicia... - ¡Sale una bonne pasta para mon ami! - llegó Pierre con dos enormes platos de pasta y una botella de vino; Zoeey dejó su libro de lado - ¡pero que delicioso se ve Pierre! - dijo mientras se acomodaba para comer. Yo no hacía más que ver, estar ahí observando, era la primera vez que compartía ese espacio con alguien, de hecho, era la primera vez que alguien me llamaba tanto la atención. Pierre dejó los platillos, nos sirvió el vino y se fue; me decidí a romper el hielo y comenzamos una larga plática, era realmente una plática buena, conversamos de mil cosas, reímos a carcajadas, algo extraño en mi, ya que desde que me mudé a Toulouse no había encontrado a alguien que me hiciera reír así. Así seguimos hasta el atardecer, tomando vino, bebiendo café, fumando y rodeados de ese aire puro y ese ambiente cálido. - ¡Por Dios, es tardísimo! - dijo Zooey al ver su celular; se levantó y se despidió de mi - nos vemos mañana León... y gracias por la comida - dijo sonriendo y retirándose del lugar, yo aún me quede ahí media hora más, pensando en lo bien que la había pasado... " Si hay un lugar al que quiero ir, entonces ahí estaré contigo (waiting for the moon to rise - Belle & Sebastian)".
Voy por las calles para llegar a mi casa, el frío comienza a sentirse, decido ponerme los guantes, meto la mano en mis bolsillos y recuerdo que los olvidé dentro del cajón en mi oficina, ¿qué es esto? me pregunté al sentir un trozo de papel, lo saque y era el volante, - lo olvidé, estaba tan agusto conversando con ella que olvidé mencionarle sobre la exposición, será después - pensé. Seguía mi camino por las calles y el vapor comenzaba a salir de mi nariz y boca; quería unos cigarros antes de llegar a casa. Pasé por un establecimiento que ya estaba a punto de cerrar y entré para comprar una cajetilla de cigarros. Llegué al fin a mi casa y me senté en mi sillón para fumar y relajarme un poco, pero el ruido de la puerta lo evitó, era Louis que venía ahogado en alcohol, es de las cosas más graciosas que pueda imaginar, cuando está en ese estado en verdad es muy divertido. Entró a la casa y dijo - este bebe necesita de un buen baño - y se dejó caer en el sofá - ¿y qué tal tu día amigo? no sé como no te aburres en esa oficina de locos y nerds, empezando por tu jefe es un imbécil que no sabe valorar a un buen empleado ni sabe lo que es un buen proyecto, es un tarado... un estúpido... hijo de..." - dijo mientras quedaba profundamente dormido. El pobre aún no supera que lo hayan corrido del trabajo, nunca le cayó bien al licenciado Garrel, pero de verdad Louis es talentoso, de eso no hay duda... "No necesito abrazarte o tomarte, sólo quiero bailar contigo toda la noche, no hay nada más en este mundo que quisiera hacer, porque soy feliz solo bailando contigo (I'm happy just to dance with you - The Beatles)".

I. La historia

5am y mi despertador ha sonado como cada mañana. Abro mis ojos y me dirijo al baño para tomar una ducha mientras pienso en lo rutinario que se vuelve todo. Salgo de mi casa para dirigirme a mi trabajo, camino por la calle aún oscura y con un fresco que golpea mi rostro, tibio por calor de mi hogar. Llego a la estación del metro y bajo las escaleras, apenas si se ve la silueta de aquel vagabundo tirado y ahogado en alcohol. Estoy ahí como materia inerte esperando que entre la luz tenue un brillo me alcance y pueda seguir mi camino. El frío llega a mis manos cubiertas por unos guantes de lana mientras me acurruco en mi abrigo para protegerme. Mis audífonos cubren mis orejas y me mantienen dentro de la melodía que provoca una sensación de melancolía..."sin alarmas, sin sorpresas, sácame de aquí (no surprises - radiohead)". Al fin llega el metro y abre sus puertas, una campanada y lo primero que veo son algunas personas cuyos rostros muestran un cansancio cual si fuese el mismo rechazo a la suerte que les ha tocado, suerte misma que no saben que depende de su actitud. Entro al vagón y otro campaneo se escucha de tras fondo a la música, se cierran las puertas y comienzo a moverme, es algo extraño, mi cuerpo se traslada de un lugar a otro sin siquiera mover mis piernas, como si flotara en el aire y dejara que el viento me lleve a mi destino, bilateral, entre mi realidad y mi deseo, lo que está y lo que quisiera estuviese. He llegado a la primer estación y ese campaneo nuevamente suena para marcar el nuevo día de muchos y el final del día para otros. Suben y bajan personas, con sus caras tan diversas, extraños y otros no tanto, ya que dentro de lo rutinario he compartido con los mismos día con día, e incluso he comenzado conocerlos, sé donde suben, donde bajan, incluso los problemas que tienen al escuchar de entre plática sus conversaciones por el celular mas nunca he cruzado palabra con ninguno de ellos. Estación tras estación... "a mi alrededor son caras conocidas, lugares agotados, rostros desgastados, muy temprano para las carreras diarias, yendo a ninguna parte, yendo a ninguna parte (mad world - gary jules)".

Al fin llego a mi lugar, un campaneo y se abren las puertas de par en par, de un paso salgo de aquel vagón y aún con el aire que quema mi epidermis la cual se ha tornado de rosado, meto mis manos en los bolsillos de mi abrigo y sigo el camino, llego a las escaleras que me llevarán a la vida en superficie, me detengo un momento y hago un ligero suspiro, saco un mano de mi bolsillo y me tomo del pasamanos, y comienzo a subir las escaleras, frías, húmedas, oscuras, interminables, y con un olor penetrante a orines. Al llegar hasta arriba salgo del metro y la luz apenas comienza a dar signos de vida, un tono azulado deja entre ver los árboles bañados en rocío con un ligero aumento de temperatura, mismo que me hace quitar los guantes y dejar que mis manos sientan ese clima perfecto, entre el frío de la noche y el calor del día. Sigo caminando sin evitar observar cada detalle, vapor casi invisible saliendo de mi nariz, una vieja moneda sin valor arrinconada junto a un perro avejentado y enfermo, un grillo ocultándose entre la hierba que ha crecido al rededor de una banca, un chicle pisoteado a la orilla de la banqueta y hago un alto total, echo un reojo hacia lo más alto del edificio donde estoy parado enfrente y comienzo a lagrimear al sentir el primer rayo de luz que pegó directo en mis corneas. Entro al edificio, saludo al guardia sin recibir palabra alguna por su parte y sigo derecho hasta el elevador. Dentro, presiono los botones para ir al piso que casi he adoptado como mi propio departamento, de verdad, paso más tiempo en el piso 32 que en mi propia casa. Se cierran las puertas y comienzo a moverme, un cosquilleo en mi barriga y un suspiro es lo que me provoca el ir de abajo hacia arriba, ese cosquilleo que sentimos cuando después de llegar a la cima de una montaña rusa nos dejan caer, ese cosquilleo que agrada. Por fin llego al piso 32, otro campaneo más y las puertas se abren. Salgo del elevador y voy directo a mi oficina, pero esta vez algo no es cotidiano, mi jefe se opone en mi camino junto con otra persona la cual nunca había visto en mi vida - León, ella es Zooey y será tu nueva asistente - me dijo mientras me quede extrañado, ¿asistente yo? pensé al nunca haber tenido una, mejor dicho, no necesitar de una, por lo que sólo sonreí para no ser deshonesto y seguí mi camino a mi oficina. Abrí la puerta, entré y ella venía tras de mí, como si fuese alguna clase de colegiala adinerada quien es vigilada por un guarda espaldas, llegué a mi escritorio, me quité los audífonos y los guardé en el cajón junto con mis guantes humedecidos, cerré el cajón y me disponía a quitarme mi abrigo cuando me detuve, estaba ella parada tras de mí viendo fijamente cada movimiento, cual gato a ratón, seguí quitándome el abrigo - Zooey - hice una pausa mientras me sentaba en mi silla y dejaba el abrigo sobre el escritorio - bienvenida - dije sin saber que otra cosa podría decirle - creo que le ha caído de sorpresa mi llegada señor - dijo mientras se acercaba a tomar mi abrigo del escritorio, al poner sus manos en el abrigo la detuve - eres mi asistente, mas no mi niñera; y puedes hablarme de tu - dije mientras ella quitaba sus manos de mi abrigo y tomaba una silla para sentarse frente a mi - ok, León empecemos de nuevo, soy Zooey y tú, ¿quién eres? - dijo mientras estiraba su mano para saludar y sonreía - ¿quién soy yo? - dije mientras le daba la mano y me recargaba en mi silla - yo soy escritor, pintor, escultor, ilustrador. Soy algunas veces de Francia, España, Inglaterra, pero casi siempre soy de México. Soy lo que ves, sin exagerar ni atenuar - contesté. Ella me veía fijamente con esos enormes ojos azules y con la sonrisa que ni un segundo quitaba - pero dime, Zooey, ¿quién eres tú? - y esa sonrisa se desvaneció, se quedo callada por un instante como si mi pregunta la hubiese incomodado - Yo no soy poeta ni escritora, sólo dejo salir las palabras, no pinto ni puedo hacer un sólo trazo, amo la soledad mas odio no tener con quien hablar, amo las discusiones mas odio cuando terminan en gritos, amo comer mas odio el sentimiento de culpa, amo cantar mas odio el que alguien me escuche, no pretendo ser, sólo soy - terminó, se levanto de su silla y se dirigió a la puerta - cualquier cosa, León, llámame - y salió de la oficina. Yo, ahí sentado, sin palabra alguna, helado por aquella contestación y con una alegría dentro de mí al saber que hubo una persona en todo el edificio que no se limitaba, que era la compañera ideal para mi; pero no hablando en cuestiones amorosas, no, sino que sabía que eramos uno sólo... "Así es como comenzó la historia, conocí a alguien por accidente, que me enloqueció, que me enloqueció (hiding my heart away - brandi carlile)".
 

Design in CSS by TemplateWorld and sponsored by SmashingMagazine
Blogger Template created by Deluxe Templates