5am y mi despertador ha sonado como cada mañana. Abro mis ojos y me dirijo al baño para tomar una ducha mientras pienso en lo rutinario que se vuelve todo. Salgo de mi casa para dirigirme a mi trabajo, camino por la calle aún oscura y con un fresco que golpea mi rostro, tibio por calor de mi hogar. Llego a la estación del metro y bajo las escaleras, apenas si se ve la silueta de aquel vagabundo tirado y ahogado en alcohol. Estoy ahí como materia inerte esperando que entre la luz tenue un brillo me alcance y pueda seguir mi camino. El frío llega a mis manos cubiertas por unos guantes de lana mientras me acurruco en mi abrigo para protegerme. Mis audífonos cubren mis orejas y me mantienen dentro de la melodía que provoca una sensación de melancolía..."sin alarmas, sin sorpresas, sácame de aquí (no surprises - radiohead)". Al fin llega el metro y abre sus puertas, una campanada y lo primero que veo son algunas personas cuyos rostros muestran un cansancio cual si fuese el mismo rechazo a la suerte que les ha tocado, suerte misma que no saben que depende de su actitud. Entro al vagón y otro campaneo se escucha de tras fondo a la música, se cierran las puertas y comienzo a moverme, es algo extraño, mi cuerpo se traslada de un lugar a otro sin siquiera mover mis piernas, como si flotara en el aire y dejara que el viento me lleve a mi destino, bilateral, entre mi realidad y mi deseo, lo que está y lo que quisiera estuviese. He llegado a la primer estación y ese campaneo nuevamente suena para marcar el nuevo día de muchos y el final del día para otros. Suben y bajan personas, con sus caras tan diversas, extraños y otros no tanto, ya que dentro de lo rutinario he compartido con los mismos día con día, e incluso he comenzado conocerlos, sé donde suben, donde bajan, incluso los problemas que tienen al escuchar de entre plática sus conversaciones por el celular mas nunca he cruzado palabra con ninguno de ellos. Estación tras estación... "a mi alrededor son caras conocidas, lugares agotados, rostros desgastados, muy temprano para las carreras diarias, yendo a ninguna parte, yendo a ninguna parte (mad world - gary jules)".
Al fin llego a mi lugar, un campaneo y se abren las puertas de par en par, de un paso salgo de aquel vagón y aún con el aire que quema mi epidermis la cual se ha tornado de rosado, meto mis manos en los bolsillos de mi abrigo y sigo el camino, llego a las escaleras que me llevarán a la vida en superficie, me detengo un momento y hago un ligero suspiro, saco un mano de mi bolsillo y me tomo del pasamanos, y comienzo a subir las escaleras, frías, húmedas, oscuras, interminables, y con un olor penetrante a orines. Al llegar hasta arriba salgo del metro y la luz apenas comienza a dar signos de vida, un tono azulado deja entre ver los árboles bañados en rocío con un ligero aumento de temperatura, mismo que me hace quitar los guantes y dejar que mis manos sientan ese clima perfecto, entre el frío de la noche y el calor del día. Sigo caminando sin evitar observar cada detalle, vapor casi invisible saliendo de mi nariz, una vieja moneda sin valor arrinconada junto a un perro avejentado y enfermo, un grillo ocultándose entre la hierba que ha crecido al rededor de una banca, un chicle pisoteado a la orilla de la banqueta y hago un alto total, echo un reojo hacia lo más alto del edificio donde estoy parado enfrente y comienzo a lagrimear al sentir el primer rayo de luz que pegó directo en mis corneas. Entro al edificio, saludo al guardia sin recibir palabra alguna por su parte y sigo derecho hasta el elevador. Dentro, presiono los botones para ir al piso que casi he adoptado como mi propio departamento, de verdad, paso más tiempo en el piso 32 que en mi propia casa. Se cierran las puertas y comienzo a moverme, un cosquilleo en mi barriga y un suspiro es lo que me provoca el ir de abajo hacia arriba, ese cosquilleo que sentimos cuando después de llegar a la cima de una montaña rusa nos dejan caer, ese cosquilleo que agrada. Por fin llego al piso 32, otro campaneo más y las puertas se abren. Salgo del elevador y voy directo a mi oficina, pero esta vez algo no es cotidiano, mi jefe se opone en mi camino junto con otra persona la cual nunca había visto en mi vida - León, ella es Zooey y será tu nueva asistente - me dijo mientras me quede extrañado, ¿asistente yo? pensé al nunca haber tenido una, mejor dicho, no necesitar de una, por lo que sólo sonreí para no ser deshonesto y seguí mi camino a mi oficina. Abrí la puerta, entré y ella venía tras de mí, como si fuese alguna clase de colegiala adinerada quien es vigilada por un guarda espaldas, llegué a mi escritorio, me quité los audífonos y los guardé en el cajón junto con mis guantes humedecidos, cerré el cajón y me disponía a quitarme mi abrigo cuando me detuve, estaba ella parada tras de mí viendo fijamente cada movimiento, cual gato a ratón, seguí quitándome el abrigo - Zooey - hice una pausa mientras me sentaba en mi silla y dejaba el abrigo sobre el escritorio - bienvenida - dije sin saber que otra cosa podría decirle - creo que le ha caído de sorpresa mi llegada señor - dijo mientras se acercaba a tomar mi abrigo del escritorio, al poner sus manos en el abrigo la detuve - eres mi asistente, mas no mi niñera; y puedes hablarme de tu - dije mientras ella quitaba sus manos de mi abrigo y tomaba una silla para sentarse frente a mi - ok, León empecemos de nuevo, soy Zooey y tú, ¿quién eres? - dijo mientras estiraba su mano para saludar y sonreía - ¿quién soy yo? - dije mientras le daba la mano y me recargaba en mi silla - yo soy escritor, pintor, escultor, ilustrador. Soy algunas veces de Francia, España, Inglaterra, pero casi siempre soy de México. Soy lo que ves, sin exagerar ni atenuar - contesté. Ella me veía fijamente con esos enormes ojos azules y con la sonrisa que ni un segundo quitaba - pero dime, Zooey, ¿quién eres tú? - y esa sonrisa se desvaneció, se quedo callada por un instante como si mi pregunta la hubiese incomodado - Yo no soy poeta ni escritora, sólo dejo salir las palabras, no pinto ni puedo hacer un sólo trazo, amo la soledad mas odio no tener con quien hablar, amo las discusiones mas odio cuando terminan en gritos, amo comer mas odio el sentimiento de culpa, amo cantar mas odio el que alguien me escuche, no pretendo ser, sólo soy - terminó, se levanto de su silla y se dirigió a la puerta - cualquier cosa, León, llámame - y salió de la oficina. Yo, ahí sentado, sin palabra alguna, helado por aquella contestación y con una alegría dentro de mí al saber que hubo una persona en todo el edificio que no se limitaba, que era la compañera ideal para mi; pero no hablando en cuestiones amorosas, no, sino que sabía que eramos uno sólo... "Así es como comenzó la historia, conocí a alguien por accidente, que me enloqueció, que me enloqueció (hiding my heart away - brandi carlile)".
Al fin llego a mi lugar, un campaneo y se abren las puertas de par en par, de un paso salgo de aquel vagón y aún con el aire que quema mi epidermis la cual se ha tornado de rosado, meto mis manos en los bolsillos de mi abrigo y sigo el camino, llego a las escaleras que me llevarán a la vida en superficie, me detengo un momento y hago un ligero suspiro, saco un mano de mi bolsillo y me tomo del pasamanos, y comienzo a subir las escaleras, frías, húmedas, oscuras, interminables, y con un olor penetrante a orines. Al llegar hasta arriba salgo del metro y la luz apenas comienza a dar signos de vida, un tono azulado deja entre ver los árboles bañados en rocío con un ligero aumento de temperatura, mismo que me hace quitar los guantes y dejar que mis manos sientan ese clima perfecto, entre el frío de la noche y el calor del día. Sigo caminando sin evitar observar cada detalle, vapor casi invisible saliendo de mi nariz, una vieja moneda sin valor arrinconada junto a un perro avejentado y enfermo, un grillo ocultándose entre la hierba que ha crecido al rededor de una banca, un chicle pisoteado a la orilla de la banqueta y hago un alto total, echo un reojo hacia lo más alto del edificio donde estoy parado enfrente y comienzo a lagrimear al sentir el primer rayo de luz que pegó directo en mis corneas. Entro al edificio, saludo al guardia sin recibir palabra alguna por su parte y sigo derecho hasta el elevador. Dentro, presiono los botones para ir al piso que casi he adoptado como mi propio departamento, de verdad, paso más tiempo en el piso 32 que en mi propia casa. Se cierran las puertas y comienzo a moverme, un cosquilleo en mi barriga y un suspiro es lo que me provoca el ir de abajo hacia arriba, ese cosquilleo que sentimos cuando después de llegar a la cima de una montaña rusa nos dejan caer, ese cosquilleo que agrada. Por fin llego al piso 32, otro campaneo más y las puertas se abren. Salgo del elevador y voy directo a mi oficina, pero esta vez algo no es cotidiano, mi jefe se opone en mi camino junto con otra persona la cual nunca había visto en mi vida - León, ella es Zooey y será tu nueva asistente - me dijo mientras me quede extrañado, ¿asistente yo? pensé al nunca haber tenido una, mejor dicho, no necesitar de una, por lo que sólo sonreí para no ser deshonesto y seguí mi camino a mi oficina. Abrí la puerta, entré y ella venía tras de mí, como si fuese alguna clase de colegiala adinerada quien es vigilada por un guarda espaldas, llegué a mi escritorio, me quité los audífonos y los guardé en el cajón junto con mis guantes humedecidos, cerré el cajón y me disponía a quitarme mi abrigo cuando me detuve, estaba ella parada tras de mí viendo fijamente cada movimiento, cual gato a ratón, seguí quitándome el abrigo - Zooey - hice una pausa mientras me sentaba en mi silla y dejaba el abrigo sobre el escritorio - bienvenida - dije sin saber que otra cosa podría decirle - creo que le ha caído de sorpresa mi llegada señor - dijo mientras se acercaba a tomar mi abrigo del escritorio, al poner sus manos en el abrigo la detuve - eres mi asistente, mas no mi niñera; y puedes hablarme de tu - dije mientras ella quitaba sus manos de mi abrigo y tomaba una silla para sentarse frente a mi - ok, León empecemos de nuevo, soy Zooey y tú, ¿quién eres? - dijo mientras estiraba su mano para saludar y sonreía - ¿quién soy yo? - dije mientras le daba la mano y me recargaba en mi silla - yo soy escritor, pintor, escultor, ilustrador. Soy algunas veces de Francia, España, Inglaterra, pero casi siempre soy de México. Soy lo que ves, sin exagerar ni atenuar - contesté. Ella me veía fijamente con esos enormes ojos azules y con la sonrisa que ni un segundo quitaba - pero dime, Zooey, ¿quién eres tú? - y esa sonrisa se desvaneció, se quedo callada por un instante como si mi pregunta la hubiese incomodado - Yo no soy poeta ni escritora, sólo dejo salir las palabras, no pinto ni puedo hacer un sólo trazo, amo la soledad mas odio no tener con quien hablar, amo las discusiones mas odio cuando terminan en gritos, amo comer mas odio el sentimiento de culpa, amo cantar mas odio el que alguien me escuche, no pretendo ser, sólo soy - terminó, se levanto de su silla y se dirigió a la puerta - cualquier cosa, León, llámame - y salió de la oficina. Yo, ahí sentado, sin palabra alguna, helado por aquella contestación y con una alegría dentro de mí al saber que hubo una persona en todo el edificio que no se limitaba, que era la compañera ideal para mi; pero no hablando en cuestiones amorosas, no, sino que sabía que eramos uno sólo... "Así es como comenzó la historia, conocí a alguien por accidente, que me enloqueció, que me enloqueció (hiding my heart away - brandi carlile)".

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